La final del College Football es uno de los mayores espectáculos del fútbol americano. Para muchos fanáticos, su impacto es comparable al del Super Bowl. Allí se define al campeón nacional de la NCAA. Además, el vínculo emocional es muy fuerte. Gran parte del público son exalumnos o personas sin equipos profesionales en su región.
Por otra parte, el evento mueve cifras enormes a nivel mediático. La final convoca entre 22 y 25 millones de espectadores en Estados Unidos. De este modo, se ubica entre las transmisiones deportivas más vistas del año. La publicidad también es clave. Un anuncio de 30 segundos puede superar los 800 mil dólares. La sede cambia cada temporada, al igual que ocurre con el Super Bowl.
En cuanto al formato, el sistema actual es de eliminación directa. Solo participan los mejores programas del país. A diferencia de otros deportes, cada partido de la temporada regular es decisivo. No hay margen para el error. Un comité evalúa resultados, calendario y rendimiento. Así, solo los equipos más consistentes llegan a la final.
Cuándo se juega la final del College Football y qué hay en juego
La final del College Football se juega este lunes 19 de enero en Miami, en el Hard Rock Stadium de Miami Gardens, Florida, con kickoff programado para las 6:30 p.m. hora local (7:30 p.m. en Argentina). En un duelo inédito por el título nacional, los Miami Hurricanes (13-2) recibirán a los Indiana Hoosiers (15-0) en lo que será la primera vez que el equipo local juega la final en su propio estadio desde que existe el formato actual. Miami llegó tras superar a Ohio State y Ole Miss en semifinales, mientras que Indiana dominó con victorias contundentes sobre Alabama y Oregon para asegurar su lugar en el partido por el campeonato nacional.
Ganar el título representa mucho para ambas universidades y sus programas deportivos. Para Indiana, sería el primer campeonato nacional en la historia de su fútbol americano, un logro que coronaría una temporada perfecta liderada por el quarterback y ganador del Trofeo Heisman, Fernando Mendoza.
Para Miami, sería su sexto título nacional y el primero desde 2001, consolidando un regreso a la élite tras años de reconstrucción. Además, el impacto va más allá del trofeo, elevaría el prestigio del programa, reforzaría el reclutamiento de talentos y dejaría un legado duradero para las instituciones y sus fanáticos.
