Todos los años, cuando se acerca marzo, las noticias de la NFL se llenan de un mismo término: salary cap. Equipos que deben “hacer espacio”, jugadores que son cortados por “motivos de cap” y contratos diseñados con una lógica que, a primera vista, parece más de contador que de fútbol americano.
El salary cap es el límite máximo de dinero que un equipo puede gastar en los contratos de sus jugadores durante una temporada. Para 2026, ese número es de 301.2 millones de dólares, la primera vez en la historia que el límite supera la barrera de los 300 millones. Ningún equipo, sin importar cuánto dinero tenga su dueño, puede gastar un dólar más que esa cifra en salarios.
La razón de ser del cap es la competitividad: busca crear una cancha pareja entre todos los equipos, evitando que las franquicias más ricas puedan simplemente comprar a todas las estrellas disponibles, algo que sí ocurre en deportes sin tope salarial como el béisbol.

¿Cómo se calcula el salary cap cada año?
El número no es fijo: crece todos los años en función de los ingresos de la liga. Desde 2014, el cap ha aumentado al menos un 5% cada temporada, con la única excepción de 2021, cuando cayó un 8% por el impacto económico de la pandemia.
El salto de los últimos años fue particularmente pronunciado. Un cap que era de 182.5 millones de dólares por equipo hace apenas cinco temporadas hoy está en 301.2 millones para 2026. Ese crecimiento está directamente conectado a los contratos de transmisión televisiva, que no han dejado de crecer en valor año tras año.
¿Qué es el “dead money” y por qué aparece tanto en las noticias?

Una de las partes más confusas del sistema es el dead money, o dinero muerto. Se trata de un cargo contra el salary cap correspondiente a un jugador que ya no forma parte del roster. Dinero que el equipo ya gastó o garantizó, y que sigue “pesando” en sus cuentas aunque el jugador se haya ido.
Esto ocurre por cómo funcionan los bonos por firma. Cuando se paga un bono de firma, ese monto se prorratea de manera pareja a lo largo de la duración del contrato, hasta un máximo de cinco años. Si el jugador es cortado antes de que termine el contrato, todo lo que faltaba prorratear explota de golpe contra el cap del año en curso.
El caso más extremo de la historia ilustra bien el mecanismo: cuando Russell Wilson fue liberado por los Broncos, el equipo debió absorber un golpe de 85 millones de dólares en dead money, repartido en dos temporadas, simplemente porque lo cortaron antes de que comenzara la extensión de contrato que había firmado.
Esa es la razón por la que, todos los años, hay equipos que parecen “atrapados” sin poder firmar a nadie nuevo: no es que no quieran gastar, es que ya gastaron, y ese dinero sigue ahí, fantasma, comiéndose el espacio bajo el tope salarial. Entender el salary cap es, en el fondo, entender que en la NFL el dinero nunca desaparece del todo: solo cambia de forma.
