La venta de Seattle Seahawks confirma que ya no hay lugar para dueños sentimentales en la NFL

Algo se rompió en la NFL. La esperada, y finalmente concretada, venta de los Seattle Seahawks por nada menos que 9.6 mil millones de dólares, termina por definir lo que será el mapa definitivo de los propietarios de una liga que busca cada vez más expandirse fuera de los límites de la frontera de Estados Unidos.

La franquicia obtuvo su segundo trofeo Vince Lombardi en febrero de este año mientras se aguardaba por el traspaso definitivo de la propiedad de la familia Allen a un consorcio empresarial liderado por Vinod Khosla, que era uno de los socios minoritarios en uno de los rivales divisionales de los Seahawks en la NFC Oeste, los San Francisco 49ers.

Khosla, al igual que Allen, quien fuera uno de los fundadores de Microsoft junto a Bill Gates, proviene del sector tecnológico y llega con una gran inversión detrás para hacerse con la propiedad administrada por la hermana de Allen, Jody. Una venta de esta magnitud provocó un movimiento pocas veces visto en la historia del deporte.

El final de una era en la NFL

Seattle obtuvo un triunfo tan espectacular como inesperado, y no por ganarle 29-13 a New England Patriots únicamente. Es que la franquicia estuvo 8 años hasta concretar el cambio de dueños, pero ha sabido mantener la estabilidad en una liga tan complicada como la NFL. Incluso el quarterback era nuevo: desde Minnesota Vikings llegó Sam Darnold a comienzos de la pasada temporada. A pesar de esto, el trabajo dentro y fuera de los estadios se mantuvo de la misma manera, lo cual muestra una organización sólida y cohesionada.

Este título representa un gran espaldarazo para un equipo que no sucumbió ante la muerte de su dueño, y que la administración de la herencia tampoco afectó al plan deportivo con el cambio de HC. El éxito deportivo es, también, consecuencia de la administración de la franquicia fundada hace 50 años atrás, como parte de una de las extensiones que la NFL realizó en su historia.

La venta en una cifra imposible de imaginar pone de relieve que el negocio es para los dueños lo más importante. Si funciona, mucho mejor. Los Seahawks han sabido construir un vínculo que suele estar descuidado por otros equipos. La relación con el público, los famosos “12”, número que, además, fue retirado en homenaje a la hinchada. El apoyo de los fanáticos es incondicional tal como se puede observar en el estadio Lumen Field, que también es propiedad de la familia Allen, y el ruido siempre es un factor que afecta a los rivales.

Un cambio de paradigma

Sin embargo, los campeones del Super Bowl LX perderán con la salida de la familia Allen un componente sentimental importante. Paul era oriundo de Seattle y se implicó personalmente desde que compró a la organización en 1997 por un valor de 200 millones de dólares. Desde ese momento, invirtió en infraestructura, mantuvo al equipo en su ciudad natal y ganaron el primer título en 2014 de la mano de la recordada defensa de la ‘Legion of Boom’. El circulo se cerró este año al ganar otra vez con una defensa de números impresionantes.

Pero todo esto es parte de una historia que la liga irá dejando atrás poco a poco con la llegada de poderosos empresarios a la propiedad de las franquicias. Sin una conexión con la ciudad, los fans, y una implicación menor con su comunidad. Que hará que se eche en falta el sentimiento de pertenencia y de negocio que tenía Allen para con su equipo. La gestión puede ser más fría en los despachos, pero tiene que estar destinada a funcionar en términos económicos. La venta, aprobada por los propietarios de la liga esta semana, representa el inicio de la era de los “súper propietarios”. Cierra aun más el acceso al empresariado local que puede tener una conexión con el equipo y con la ciudad, como era el caso de Seattle con la familia Allen.

Y esto no depende del éxito deportivo, como ocurre con los Dallas Cowboys, la franquicia más popular de la NFL. Sin títulos desde la temporada 1995. Pero es uno de los equipos que más factura por año, independientemente de su rendimiento deportivo gracias a la máquina creada por Jerry Jones. Hay otros equipos que funcionan de esta misma manera, buscando el rendimiento monetario antes que la gloria deportiva.

Mike MacDonald y Sam Darnold celebrando su victoria en febrero contra los Patriots. (Foto: Josh Edelson/AFP/Getty)

El crecimiento de la liga fuera del campo puede no significar mejores partidos, pero sí que la repercusión hará que los equipos valgan cada vez más dinero, y que la generación de un mayor reparto de la ‘torta económica’ sea la prioridad número uno. Ya no hay sentimientos, solo números. Eso sí, los partidos que se ganen dentro de un estadio, harán que la rueda siga su curso y aumenten exponencialmente las ganancias de los dueños. Que no se invierte precisamente poca cantidad de dinero.

Los nuevos dueños tendrán que mantener al equipo en Seattle, tal el compromiso que han firmado para proceder a la compra. Todo lo recaudado por la venta de los bienes de Paul Allen, se destinarán a causas filantrópicas. Por eso su hermana Jody no puede ser ella misma la propietaria ni transferirla a otro miembro de la familia, aunque condujo todo el proceso y ella misma levantó el Lombardi celebrando el logro más reciente de su equipo. El cambio de dueños, y de paradigma en la NFL, es un hecho.

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