¿Es un bache o una crisis? Philadelphia Eagles necesita respuestas antes de que sea tarde

Los Philadelphia Eagles cayeron 27-10 ante Washington Commanders en el Sunday Night Football de la Semana 8 y quedaron con récord 2-6. Es su sexta derrota consecutiva, algo que no les pasaba desde 2012, el último año de Andy Reid como entrenador, cuando perdieron ocho seguidos. También es su primer 2-6 desde 1999, el año del debut de Reid en el banco, y el equipo que ganó dos veces consecutivas la NFC Este hoy figura último de la división, por detrás de unos Commanders que tienen un récord de 2-4-1.

Los números muestran que no se trata de un mal momento aislado. En las seis derrotas, Philadelphia anotó 7, 20, 17, 14, 21 y 10 puntos, y fue superado por 160 a 89 en el total. Perdió por 17 puntos o más tres veces en apenas seis partidos, cuando en las primeras cinco temporadas de Nick Sirianni le había pasado siete veces en total. En todos esos partidos cometió al menos cinco penalidades, y en todos fue superado en yardas por aire y por tierra. Además, el ataque ocupa el último lugar de la liga en yardas por partido (265,3) y el puesto 30 en puntos (17,1).

La pregunta, entonces, tiene una respuesta que parece clara: esto ya es una crisis. Un bache es una racha corta con una explicación puntual. Lo que se ve en Philadelphia es una combinación de ausencias, errores de ejecución y falta de respuestas del staff que se repite semana tras semana, y que con nueve partidos por jugar empieza a quedarse sin margen.

Los números de una caída que ya no se explica solo con la ausencia de Hurts

Sería injusto ignorar el peso de las lesiones. Jalen Hurts no volverá a jugar en lo que resta de 2026 por coágulos de sangre en los pulmones, y Tanner McKee quedó al frente de un ataque que además perdió a varios titulares. El coordinador ofensivo, Sean Mannion, tuvo que trabajar todo el año con un roster golpeado. Pero hay problemas que no dependen del quarterback. Los castigos, que aparecen en los seis partidos, y el juego terrestre, que promedió menos de 4,0 yardas por intento en cuatro de los seis encuentros, son problemas que difícilmente dependan solo de quién juegue de mariscal.

El partido ante Washington ilustra bien ese desgaste. Philadelphia anotó diez puntos en el primer cuarto y después quedó en blanco durante los 45 minutos siguientes, mientras Washington sumó 27 puntos sin respuesta. El ataque terminó con 268 yardas totales, promedió 3,1 yardas por carrera y convirtió apenas cinco de sus quince terceros downs. Con menos de 300 yardas en cinco de los seis partidos de la racha, el problema de la ofensiva ya es una constante y no una excepción.

El tiempo, además, juega en contra. Con 2-6 y nueve partidos por jugar, para llegar a un récord de 9-8 Philadelphia necesitaría ganar siete de los nueve que le quedan, una cuenta que me parece muy difícil con este ataque. Y el propietario Jeffrey Lurie tiene antecedentes de no esperar mucho: cambió de entrenador en 2012, 2015 y 2020.

La bye week es el verdadero punto de quiebre. El equipo necesita respuestas concretas en tres frentes: controlar las penalidades, recuperar un juego terrestre que hoy no existe y proteger mejor a McKee para que el ataque pueda sostener series largas. Si después de la semana libre nada de eso mejora, la conversación sobre la continuidad de Sirianni va a ser inevitable. Hasta entonces, la pregunta ya no es si los Eagles están en crisis, sino cuánto tiempo más pueden darse el lujo de seguir buscando respuestas.

Artículos relacionados

Comentarios

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here

Compartir Artículo

ÚLTIMAS NOTICIAS