Los Philadelphia Eagles viajaron a Londres con la necesidad de cortar una racha de dos derrotas y regresaron con un golpe difícil de digerir. Perdieron 19-17 ante los Jacksonville Jaguars por un gol de campo de 57 yardas de Cam Little cuando el tiempo se agotaba, apenas segundos después de haber pasado al frente. El resultado volvió a colocar a Nick Sirianni en el centro de todas las miradas.
El foco está puesto en el último kickoff. Con ocho segundos en el reloj y una ventaja de 17-16, Sirianni optó por no buscar el touchback y dejó la pelota en juego. Ameer Abdullah devolvió la patada 53 yardas hasta la yarda 39 de Filadelfia y dejó a Jacksonville en distancia de gol de campo. Tras el final, el entrenador asumió públicamente la responsabilidad, pero no quiso explicar qué lo llevó a decidir así.
Fue la tercera derrota consecutiva y dejó a los Eagles con un récord de 2-3, por debajo de .500 por primera vez desde 2021. Además, se cortó una racha récord de franquicia de 76 partidos con balance igual o superior a .500. El próximo desafío llega rápido. En la semana 6 recibirán a los Carolina Panthers en su estadio, con el público mirando de reojo cada decisión del cuerpo técnico.
Más que una patada: el problema de fondo en Philadelphia
Sería injusto reducir la crisis a una sola decisión. Una semana antes, los Eagles perdieron de local 24-20 ante los Rams tras irse al descanso arriba 20-10 y no anotar en todo el segundo tiempo. Tras caer en Londres, el propio Sirianni admitió que el equipo debe resolver su ofensiva de la segunda mitad, porque genera oportunidades en la primera mitad pero no logra cerrar los partidos. Eso no parece un accidente sino un patrón. Y aparece en una unidad renovada bajo la conducción de Sean Mannion y golpeada por la salida de Lane Johnson, tackle estrella que anunció su retiro de forma repentina, y por la de Cam Jurgens, días antes del viaje a Londres. Con ese contexto, el margen de error del entrenador se achica y cada decisión en los minutos finales pesa el doble.
Sirianni tiene crédito acumulado y conviene decirlo. Ganó el Super Bowl LIX ante los Kansas City Chiefs y llevó a Philadelphia a los playoffs en cada una de sus primeras cinco temporadas. Su historial habla de un entrenador competitivo, pero también de uno al que se le exige más que al promedio. Pero la liga no perdona, y los Eagles ya demostraron que no se casan con nadie. En el paso, despidieron a Doug Pederson tres temporadas después de ganar el Super Bowl LII.

Una patada no cuesta un puesto, pero sí alimenta la sensación de que el entrenador no termina de resolver los problemas, algo que ya se había visto cuando fue cuestionado por dos cuartos intentos en la derrota ante los Rams. Cuando un equipo pierde por detalles, la pregunta natural es quién se ocupa de cuidarlos. Lo que viene define buena parte del relato. Si los Eagles tropiezan en casa ante Carolina, el clima en el Lincoln Financial Field puede volverse hostil, y algunos ya plantean que el puesto del entrenador podría estar en juego.
Aun así, quedan 12 partidos de temporada regular para reaccionar, y los Eagles dejaron escapar dos encuentros que tenían a su alcance. Sirianni merece margen, porque se lo ganó, pero no un cheque en blanco. Debe corregir cuanto antes el rendimiento ofensivo de la segunda mitad y demostrar que aprendió la lección de Londres.
