Notre Dame llegó a la Semana 7 del College Football 2026 con un pleno de seis victorias y un salto de un lugar en el ranking de la AP, hasta el segundo puesto, su ubicación más alta desde la última votación de la temporada 2024. Georgia quedó como nuevo número uno con 66 de 70 votos de primer lugar, mientras que los Fighting Irish recibieron uno y lograron además el segundo lugar en el ranking de los entrenadores. Para un equipo que no tiene conferencia ni final de campeonato propia, es una señal de que el país empieza a tomarlo en serio.
El empujón final lo dio la paliza 58-7 sobre Stanford, un partido en el que Notre Dame llegó al descanso arriba 37-0 y terminó con 361 yardas terrestres, con un récord de programa para un freshman: Jonaz Walton corrió 181 yardas en 13 acarreos y anotó dos touchdowns. Es el 6-0 más claro que mostró el equipo, el primero desde 2020 y con 16 victorias consecutivas, todas por diferencia de dos dígitos. El ascenso, además, se dio en una semana caótica, con Texas cayendo hasta el séptimo lugar tras su derrota.
La pregunta que se impone es si esa dominancia es real o si todavía está inflada por un calendario amable. Notre Dame tiene papeles de candidato legítimo, pero que todavía no pasó ninguna de las pruebas que realmente definen a un campeón. Esas pruebas llegan ahora, y lo hacen de golpe.
Los números hablan de un equipo completo, pero el calendario recién empieza
Las estadísticas son difíciles de discutir. Notre Dame promedia 44,0 puntos por partido (cuarto del país) y permite apenas 11,0, también cuarto mejor registro de la nación. Su defensa es la mejor del FBS en yardas totales permitidas, con 214,2 por juego, y la tercera contra la carrera, con apenas 58,3 yardas. En ataque, la unidad produce 456,7 yardas por partido, con un promedio de 5,1 yardas por acarreo y apenas una pérdida de balón en seis encuentros.
El otro gran argumento está bajo el casco del quarterback. CJ Carr completó 102 de 144 pases (70,8%) para 1.378 yardas, 16 touchdowns y una sola intercepción. Con tres corredores compartiendo la carga y Walton emergiendo como el nombre de las últimas semanas, el ataque tiene una variedad que lo vuelve difícil de defender solo con un esquema.
Pero el contraargumento es igual de claro: hasta ahora, Notre Dame le ganó a Wisconsin, Rice, Michigan State, Purdue, North Carolina y Stanford, que quedó 2-4 tras la paliza. Los de Marcus Freeman no enfrentaron a rivales de jerarquía. Por eso, el verdadero examen, este sábado 17 de octubre, los Fighting Irish visita a BYU. Los Cougars llegan como el número 8 del país, también invictos y son un equipo con una defensa entre las diez mejores del país en puntos permitidos y un quarterback dinámico en Bear Bachmeier. Es exactamente el tipo de partido que, bajo la gestión de Freeman, no siempre terminó bien. Ahí está la verdadera medida de este equipo. Una victoria haría dificil discutir el No. 2, y una derrota obligaría a explicar otra vez por qué no hay que descartarlo.
La conclusión, entonces, es la de un optimismo con reservas. Notre Dame tiene el roster, el quarterback y la defensa para ser candidato real al campeonato nacional. Pero “estar preparado” implica algo más que acumular victorias cómodas contra un calendario que todavía no los exigió al límite. Si superan a BYU este sábado y sostienen ese nivel contra el resto de los rivales de peso que les quedan, el debate se va a cerrar solo.
