Alabama atraviesa uno de sus momentos más complicados de la temporada 2026. Después de caer por 20-17 ante Georgia, el Crimson Tide volvió a perder el sábado 17 de octubre, esta vez por 26-10 frente a Tennessee, y sumó dos derrotas consecutivas por primera vez en la era de Kalen DeBoer. La caída en Knoxville dejó al equipo con un récord de 5-2 y complicó su panorama dentro de la Southeastern Conference (SEC). Ahora, el entrenador necesita encontrar soluciones para evitar que la mala racha condicione el resto de la campaña.
El resultado ante los Volunteers expuso problemas que Alabama no consiguió resolver durante los cuatro períodos. La ofensiva produjo apenas 201 yardas totales, con solo 54 por tierra, mientras que el equipo perdió cuatro balones y tuvo dificultades para sostener sus avances. Tennessee aprovechó esos errores y construyó una victoria que reflejó su superioridad durante buena parte del encuentro. Para un programa acostumbrado a competir por los primeros puestos del fútbol americano universitario, las últimas actuaciones encendieron las alarmas.
La preocupación también pasa por el contexto histórico y por lo que viene en el calendario. Alabama no sufría dos derrotas consecutivas en la temporada regular desde 2007, durante el primer año de Nick Saban al frente del programa. Aunque todavía conserva margen para recuperarse, el equipo necesita mejorar en ambos lados del balón y recuperar regularidad. DeBoer deberá encontrar respuestas rápidamente, porque el próximo compromiso ante Texas A&M representa otra prueba exigente para un conjunto que ya no puede permitirse demasiados errores.
Kalen DeBoer necesita recuperar el funcionamiento ofensivo
La derrota ante Tennessee dejó en evidencia las dificultades del ataque para encontrar continuidad. Alabama no logró establecer el juego terrestre y tampoco pudo sostener una producción aérea suficiente para mantenerse en partido. Keelon Russell consiguió un touchdown por tierra en el segundo cuarto, pero el equipo no volvió a sumar puntos durante la segunda mitad. Sobre el cierre, una intercepción del quarterback terminó con una de las últimas posibilidades de remontada y confirmó una tarde muy complicada para la ofensiva.
Del otro lado, Tennessee encontró en DeSean Bishop una de sus principales armas para marcar diferencias. El corredor acumuló 159 yardas y dos touchdowns por tierra, mientras que la defensa de los Volunteers limitó las opciones del Crimson Tide. Alabama tampoco consiguió revertir la situación después del descanso y permitió que su rival ampliara la ventaja. La diferencia en la producción ofensiva y los cuatro balones perdidos explican buena parte de una derrota que dejó más preguntas que respuestas.
Tras el encuentro, DeBoer reconoció las dificultades que atravesó su equipo y destacó la necesidad de mejorar la preparación y la ejecución en los momentos decisivos. El entrenador también deberá trabajar sobre los errores que se repitieron en las dos derrotas: la falta de continuidad ofensiva, las oportunidades desperdiciadas y la incapacidad para imponer condiciones ante rivales de alto nivel. El desafío no consiste únicamente en cambiar algunos aspectos tácticos, sino también en recuperar la confianza de un plantel que comenzó la temporada con aspiraciones importantes.
El próximo desafío será Texas A&M, el sábado 24 de octubre, en un partido que puede resultar determinante para cambiar el rumbo de la campaña. Alabama necesita una victoria que le permita recuperar terreno en la SEC y llegar con mejores sensaciones a la parte decisiva del calendario. Con cinco triunfos y dos derrotas, todavía tiene margen para reaccionar, pero la exigencia aumentará con los compromisos que le esperan ante LSU y Auburn. DeBoer tendrá que demostrar que puede corregir los problemas del equipo y evitar que estas dos caídas se conviertan en una tendencia.
