La racha de 22 victorias consecutivas llegó a su fin en Bloomington, donde Ohio State se impuso 19-15 y terminó con el invicto de los Hoosiers. El resultado significó la primera derrota del equipo de Curt Cignetti desde 2024 y frenó una campaña que lo había instalado entre los principales candidatos de la Big Ten. Sin embargo, el marcador refleja la paridad que existió durante gran parte del encuentro. La caída dejó una pregunta inevitable: ¿fue un tropiezo ante un rival de primer nivel o expuso problemas que pueden repetirse?
El partido estuvo marcado por la paridad y por las oportunidades que el equipo no consiguió aprovechar. Los Hoosiers terminaron con 369 yardas totales, pero apenas sumaron 73 por tierra, muy lejos de las 221,3 que promediaban antes del encuentro. Josh Hoover completó 20 de 40 pases para 296 yardas y un touchdown, aunque también perdió un balón en la segunda mitad. Ohio State, por su parte, logró controlar el juego terrestre y obligó al rival a depender demasiado del ataque aéreo.
El ultimo drive resume buena parte de lo que ocurrió durante la tarde. Con 1:02 por jugar, el equipo llegó a la zona roja de OSU y buscó el touchdown que podía darle la victoria, pero Nick Marsh recibió el pase de Hoover con el pie izquierdo fuera de los límites. La jugada terminó con las esperanzas de remontada y permitió que los Buckeyes aseguraran el triunfo. Antes de ese momento, además, Indiana había desperdiciado dos intentos de gol de campo, otra muestra de las oportunidades que quedaron en el camino.
Una derrota que también deja preguntas para Indiana
El resultado puede explicarse, en parte, por la jerarquía del rival y por la diferencia mínima que existió entre ambos equipos. Ohio State no dominó de principio a fin y terminó con apenas 313 yardas totales, mientras que los Hoosiers consiguieron mover más el balón. Además, la defensa tuvo una actuación destacada al limitar a Jeremiah Smith a cuatro recepciones para 68 yardas. Sin embargo, el receptor apareció en el momento más importante y atrapó un touchdown de 38 yardas en el último cuarto.
El principal interrogante aparece en el funcionamiento ofensivo. El equipo llegó al encuentro con uno de los ataques terrestres más productivos de la temporada, pero Ohio State consiguió neutralizarlo y dejó a Turbo Richard en apenas 46 yardas sobre 16 acarreos. Esa situación obligó a Hoover a lanzar en 40 ocasiones y aumentó la presión sobre un quarterback que tampoco tuvo su mejor actuación. El problema no fue solamente perder contra un rival de alto nivel, sino no encontrar una alternativa cuando su principal fortaleza quedó anulada.
Por eso, la derrota ante Ohio State no debería interpretarse automáticamente como una señal de que los Hoosiers dejaron de ser candidatos. El equipo sigue con marca de 6-1 y estuvo a centímetros de conseguir una victoria frente a uno de los mejores conjuntos del país. Pero el encuentro sí expuso aspectos que Cignetti deberá corregir, especialmente la producción terrestre, la precisión de Hoover y la capacidad del ataque para responder cuando el rival logra quitarle su primera opción. La temporada todavía tiene mucho por delante, aunque ahora deberá demostrar que esta caída fue solo un tropiezo.
La respuesta llegará rápidamente porque el calendario no ofrece demasiado margen para recuperarse. El próximo desafío será Michigan, otro rival de peso dentro del Big Ten y una prueba importante para saber cómo reacciona el equipo después de perder su larga racha. El 19-15 ante Ohio State no borra todo lo construido durante las últimas temporadas, pero sí cambia el contexto para los Hoosiers. Ahora tendrán que demostrar que pueden competir al máximo nivel incluso cuando las cosas no salen de acuerdo con el plan.
