Oklahoma encontró en el Red River Rivalry la oportunidad que necesitaba para cambiar el rumbo de su temporada. Los Sooners derrotaron por 27-24 a Texas, que llegaba como número uno del ranking AP y todavía no conocía la derrota. Con un gol de campo de 47 yardas de Tate Sandell en la última jugada, el equipo de Brent Venables consiguió una victoria que tuvo un valor especial por el peso histórico del enfrentamiento y por el momento que atravesaban ambos programas.
El resultado representó mucho más que recuperar el Golden Hat, el trofeo que se entrega al ganador de este clásico universitario. Oklahoma llegaba con un balance de 2-2 y necesitaba una actuación convincente después de sus derrotas ante Michigan y Georgia. Del otro lado, Texas buscaba sostener su condición de favorito y confirmar las expectativas que había generado durante el inicio de la temporada. Sin embargo, los errores de los Longhorns y la capacidad de los Sooners para aprovecharlos terminaron inclinando un partido que se definió en los últimos segundos.
La victoria también tuvo consecuencias para la pelea por el campeonato nacional. Oklahoma consiguió su primer triunfo ante un equipo ubicado en el primer puesto del ranking AP desde 2007 y le quitó el invicto a su rival en uno de los encuentros más importantes del calendario universitario. La actuación defensiva, los puntos conseguidos en equipos especiales y la eficacia en el cierre fueron determinantes para concretar la remontada. Para Texas, en cambio, la derrota dejó interrogantes sobre su rendimiento y la capacidad de responder ante la presión en los momentos decisivos.
Las dudas de Texas y una remontada que cambió el partido
Texas parecía tener el control después de llegar al descanso con una ventaja de 17-7. Arch Manning había encontrado espacios para lastimar por aire, mientras Oklahoma tenía dificultades para transformar sus avances en puntos. Sin embargo, los Sooners se mantuvieron en partido y ajustaron su defensa para limitar las opciones ofensivas de los Longhorns. En el último cuarto, Oklahoma encontró los espacios que necesitaba para cambiar la historia: primero igualó el marcador con una carrera de dos yardas de Lloyd Avant y después tomó la delantera gracias a una intercepción de Peyton Bowen, quien recorrió 42 yardas hasta la zona de anotación.
El quarterback de Texas terminó con 260 yardas por pase, tres touchdowns y dos intercepciones, una de ellas convertida en anotación por Bowen. Aunque consiguió mantener a su equipo con posibilidades hasta el final, las pérdidas de balón le dieron a Oklahoma oportunidades que no desaprovechó. Los Longhorns incluso consiguieron igualar el encuentro 24-24 con un pase de touchdown de 15 yardas a Jermaine Bishop Jr, pero no pudieron evitar la última ofensiva de los Sooners, que avanzaron lo suficiente para preparar el intento decisivo de Sandell.
El triunfo dejó a Oklahoma con una victoria de enorme valor deportivo y anímico, aunque el equipo todavía necesitaba mejorar su rendimiento para consolidarse entre los candidatos de la temporada. John Mateer completó 18 de sus 26 pases para 155 yardas, mientras la defensa resultó determinante para sostener la remontada y aprovechar los errores de Texas. Del otro lado, los Longhorns perdieron el invicto y dejaron escapar una oportunidad para reafirmar su condición de favoritos.
